ABANICO/ El profesionista en busca de sentido

Por Ivette Estrada

El trabajo no es un lugar. Es lo que hacemos, las misiones que realizamos y las causas que abanderamos. Es, junto con el amor, lo que le da sentido a la vida. Es un poder de realización y transformación de realidades.

Sin embargo, muchas veces asumimos que se limita al nombre “oficial” que aparece en la identificación de la institución que nos paga un salario. Y a veces, tristemente, podemos asumir que somos un “ayudante C” u otro nombre igualmente ramplón sin significados de quienes somos realmente y cuáles son nuestros dones.

El confinamiento impuesto por el Covid-19 nos orilla a la auto reflexión. Y de todos los escombros de prisas y sin sentidos cotidianos emerge la voz de nuestra conciencia que nos acicatea con una pregunta ancestral y trascendente: ¿quién eres? que nos remonta a la interrogante infantil de ¿qué quieres ser de grande?

Y entonces brillaban los ojos y asegurábamos que queríamos domar dragones, interlocutores de duendes, princesas y magos…a la hora de elegir la profesión que abrazaremos pervive en parte un halo de romanticismo y queremos ser héroes, buscar justicia, salvar vidas, develar verdades…al empezar a trabajar asumimos, cada vez con más frecuencia, un trabajo que sea rentable. Y a veces, también, algo que “nos haga” sentir importantes, como si no lo fuéramos ya.

Sin querer sucumbimos a signos falsos de poder y dejamos de ser nosotros. Y dejamos de poseer alas… Y los sueños se apagan.

¿Y después? Realizamos tareas sin sentido. Olvidamos que nos motiva. Perdemos rumbo y nos convertimos en barquitos a la deriva. Subsistimos, no vivimos.

Sin embargo, el trabajo es tan trascendental e importante para reafirmar nuestro yo, que debemos cuidar que lo que realicemos tenga estas tres dimensiones de sentido: autonomía, dominio y propósito.

Un sentido de autonomía significa sentir que eres de confianza y que te da licencia para explorar nuevas oportunidades.

El dominio se relaciona con la capacidad para adquirir y mejorar habilidades y experiencia en nuevas áreas de conocimiento mientras el propósito implica que reconoces las formas en que contribuyes a la sociedad.

Además de la introspección profunda, hallar nuestra vocación real implica hablar con mentores, padres, colegas y miembros de la familia, que pueden ayudarnos a enfrentar nuestros miedos y reconocer el propósito de vida. Nuestro primer círculo tiene la perspicacia y buena voluntad para guiarnos y ayudarnos a ver cosas en nosotros mismos a menudo no vemos.

Las conversaciones simples también pueden ayudar a encontrar nuestra vocación apagada o dormida y reenfocar los objetivos.

Cualquiera puede comenzar a reflexionar y realinear sus prioridades, sin importar su edad o etapa profesional.

Una cosa que a menudo impide que las personas persigan su propósito es el miedo a renunciar a una carrera estable y lucrativa por una apuesta no tan segura. Pero incluso si no se está listo para hacer un gran cambio, un paso más pequeño como ser voluntario o inscribirse en una clase nocturna a menudo puede revelar nuevos caminos.

Desde hoy conviene ser más sincero sobre lo que queremos para nosotros mismos.

 

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