Por Ivette Estrada.
A veces asumimos gran incapacidad para contradecir, obstaculizar o impedir actos del abuso o imposición de un gran poder. Creemos que tenemos diezmadas nuestras fuerzas y no podemos hacer nada. Eso no es verdad. Existen acciones transformadoras que podemos implementar en nosotros mismos y que diezman actos totalitarios e injustos.
Uno de los recursos a emprender es la oración. Rezar es una acción que nos permite recordar que existe algo más grande y poderosos que nosotros. Es un llamado para que El Principio de todo, Creador de la Luz y el mundo, cualquiera que sea su nombre, se presente en nuestra realidad y vida. Es aceptar que no estamos solos ni el mal es imbatible. Es confiar.
La otra acción es meditar. Esto calma nuestro enojo y creencias obscuras como existe el mal, hay injusticia, estamos inermes ante una calamidad, hay gente mala y un largo y mítico etcétera…meditar nos ofrece una visión menos dramática y maniquea de nuestra realidad. Nos vuelve más objetivos en nuestros juicios.
La tercera acción es analizar acciones que nos parecen reprobables o injustas. Cuando logramos captar las motivaciones intrínsecas del tirano no lo justificamos, lo comprendemos y desde esta posición podremos crear antídotos eficaces a su proceder. Es verdad que lo dimensionamos como un ser humano, y por ende, con defectos y fallos de carácter. Pero también encontramos oportunidades para contrarrestar acciones reprobables.
Una vez identificadas las motivaciones es más fácil generar acciones contundentes como no obedecer anticipadamente so pretexto de fidelidad al líder, defender las instituciones porque son las únicas que pueden contrarrestar acciones abusivas, desconfiar del empleo de símbolo y del fortalecimiento a la fuerza pública (policías y ejército) porque es lo que le da poder a los regímenes totalitarios.
Otras acciones contundentes son fortalece nuestra propia ética profesional, porque en el campo de expertise podemos identificar acciones no recomendables o indignas. Preserva el bien colectivo sobre lo individual y no permitir que se diluya la línea entre la vida pública y la personal son mecanismos probados para reducir la influencia negativa en nuestra percepción.
Ahora, hay acciones que minan la fuerza de la arbitrariedad y el buso y que se encuentran en el campo de la comunicación y las palabras:
1. Cuidar el lenguaje. Cuando cedemos a descalificaciones, ofensa y exabruptos damos pie a la violencia verbal y su escalada al campo físico es muy rápida. También genera una especie de invisibilización y reduccionismo de lo que ocurre. Obstaculiza la verdad. De ahí que muchos populistas tiendan a la descalificación de sus adversarios con palabras en apariencia inocuas como fifís o conservadores.
2. Mirar a los ojos. Los diálogos deben establecerse de esta manera porque una arbitrariedad pocas veces puede tolerar el diálogo abierto y sostenido.
3. Indagación. El periodismo libre es un arma crucial en el respeto a las garantías individuales y de una nación.
Apelo a nuestra propia heroicidad de enfrentar a quien comete un abuso. “Dejar decir, dejar pasar” sólo fortalece al matón de una sociedad o país. Cada uno, con nuestros exiguos recursos debemos impactar nuestro ámbito, por humilde que parezca y sea.

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