EDUCACIÓN Y CAMBIO /Los nuevos profesionistas

Por Teófilo Benítez Granados, Rector del Centro de Estudios Superiores en Ciencias Jurídicas y Criminológicas (CESCIJUC).

A medida que nos aproximamos a la nueva normalidad o la realidad post Covid-19. se reconfigura nuestra manera de interactuar, comprar y trabajar. Existen cambios fundamentales que ya no se podrán evitar como la digitalización, sistemas de trabajo híbridos, cadenas de suministro y logística con enfoques locales así como celeridad en la toma de acciones y decisiones.

Hay quien vaticina que en 2030 deberán modificarse radicalmente al menos el 40% de los puestos de trabajo con la inmersión de las Tecnologías de la Información y las soluciones de digitalización. Empero, en el ambiente corporativo bulle una inquietud: ¿deberán crearse profesiones nuevas y cómo se educará a los futuros profesionistas para que puedan acceder a un puesto de trabajo en el futuro?

De alguna manera, todos somos conscientes de que habrá de fortalecer capacidades esenciales en los estudiantes como el pensamiento crítico, pero también desde la academia somos conscientes del impuso impostergable de las capacidades blandas o esencialmente humanas, porque éstas no lograrán sustituirlas robots, Big Data, Inteligencia Artificial o  Aprendizaje Acelerado.

De forma simultánea, habrá que crear asignaturas que favorezcan la capacidad de trabajar en equipos multisectoriales y divergentes y, al mismo tiempo, que se tenga la capacidad de romper los silos empresariales.

Estas son las cuatro habilidades del profesionista del futuro.

  1. Adaptabilidad. La flexibilidad ante nuevas situaciones es crucial. Se debe tener la maleabilidad para ajustarse a una nueva empresa con su correspondiente cultura y procesos, nuevo jefe, nuevo equipo, nuevo puesto… Cuanto más rápido se integre en un nuevo trabajo, mayor será la productividad del mismo. La investigación académica nos muestra que los trabajadores con experiencia variada en su perfil suelen tener curvas de aprendizaje más cortas. A su vez, las empresas que trabajen en procesos de socialización del nuevo trabajador de modo activo podrán ver antes mejor desempeño.
  2. Proactividad. En el nuevo modelo laboral, la empresa deja de ser la responsable de la carrera del trabajador en su totalidad. Es responsable solo de una parte. Los empleados en esta nueva realidad laboral deben tener iniciativa a la hora de pedir feedback sobre sus resultados, formarse en nuevas áreas y decidir cuándo su carrera ha tocado techo en la empresa actual y necesitan buscar nuevos retos. Esto requiere al mismo tiempo la creación y mantenimiento de una red de contactos relevantes en otras empresas. Recobran en esta nueva realidad especial importancia los intermediarios del mercado laboral, tales como los cazatalentos o las empresas de contratación temporal, que sirven de puente para los movimientos de una empresa a otra.

 

  1. Personal branding. La mayor movilidad entre empresas, o incluso dentro de una empresa, entre proyectos y equipos de naturaleza muy variada, hace que nos preguntemos: ¿cómo quiero que me vean en el mercado? Se debe aprender a gestionar posicionamiento y oportunidades profesionales pero sobre todo la construcción de la propia reputación.
  2. Multitareas. Las nuevas formas de organización flexible requieren trabajadores que sepan lidiar con demandas múltiples al mismo tiempo. Además, deberán aprender a decir «ahora no» y a retrasar la ejecución de una tarea o a priorizar otras. Necesitan, por tanto, unas habilidades «políticas» que antes no eran tan necesarias. Los que poseen capacidades multitarea tienden a saber manejarse mejor en  estas situaciones.
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