Por Antonio Ortiz Vázquez, Presidente de Forjadores de México A.C.

Teletrabajo y sistemas híbridos reconfiguran el maltrato y abuso laboral, por lo que crecen los casos de burnout o síndrome del quemado. En gran parte, este fenómeno incide en más casos de estrés laboral y agotamiento.

No es el empleo del zoom y otras herramientas de home office: es la persistencia de actitudes “malvadas” en el trabajo, porque tras una pantalla, es más fácil cometer tropelías.
Según un estudio del Workplace Bullying Institute (WBI), el 30% de los trabajadores estadounidenses aceptaron que son intimidado, frente al 19% de 2017. El maltrato repetido, conducta abusiva o sabotaje laboral que humilla, intimida o daña e interfiere con su capacidad para trabajar, empeoró con el trabajo distancia.

Al eliminar los contactos “cara a cara”, tal despersonalización aumenta las actitudes menos corteses y amables.

Al mismo tiempo, cuando los supervisores y gerentes tienen más dificultades para justificar sus roles, aumenta la agresión que puede tomar vertientes de menosprecio y humillación. A la par, el trabajo remoto nos vuelve más vulnerables y el acceso a la vida personal de un individuo proporciona a los posibles acosadores áreas más sensibles para atacar y vuelve la intimidación más intensa.

Pero no todo son malas noticias: las personas en general se muestran menos tolerantes al maltrato. Vivimos en un momento en el que el abuso arraigado, a menudo protegido y sistemático ya se denuncia públicamente.

Los movimientos sociales, #MeToo, #TimesUp, Black Lives Matter, hoy ponen el foco en las estructuras que defienden el abuso y en los individuos que lo perpetúan. Las personas que se enfrentan al abuso en las calles son mucho menos propensas a asumirlo en el lugar de trabajo.

La concientización, hoy, es clave para erradicar el abuso. Sin embargo, aún no se descubran las maneras en las que las organizaciones pueden frenar de golpe las conductas abusivas. Distintos estudios revelan que cuando la empresa busca situaciones de abuso, paradójicamente éstas se recrudecen.

Hasta ahora, el papel más relevante para parar los actos de intimidación es la propia víctima a través de la visibilización de la conducta reprobable.

En las redes sociales, por ejemplo, a lo largo de la pandemia hemos visto como maestros abusivos, burlones o humillantes se exhiben, así como algunos casos de maltrato intrafamiliar. Este tipo de denuncias podría frenar a los jefes monstruos de las organizaciones.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.